jueves, 5 de enero de 2012

Copa Coca-Cola

Estuve en la Copa Coca-Cola. En la sede de Gijón. Es una gran movida futbolera. Como corresponde a la época, durante toda la mañana el orbayo cayó lentamente, sobre los campos y los jugadores, empapando sus alegrías y decepciones. Yo iba con un equipo que quedó eliminado en cuartos. Pero me lo pasé bien. Los míos compitieron con ganas y no lo hicieron mal. Superaron a tres rivales hasta que se cruzaron con un equipo más fuerte que les endosó cuatro goles como cuatro soles... Qué le vamos a hacer, ellos fueron superiores. La vida es así, siempre llega uno que te supera. Y no por eso ha de ser decepcionante.




miércoles, 29 de diciembre de 2010

Sobre ruedas

En estas Navidades, aprovechando el parón futbolero, se abrió un hueco para darle a los pedales durante 60 km, desde Oviedo hasta Trubia y desde Trubia, Senda el Oso adelante, hasta un lugar indeterminado, bastante más allá de Proaza. Fueron los protagonistas de esta aventura quien escribe, más Berto y Davo, que se apuntan a un bombardeo con tal de tener actividad y hacer algo emocionante. Uno no está para jugar al balón con ellos pero todavía les puede dar un machacón si se trata de la bici.

Los partes aseguraban temperatura adecuada, entre los 11 y 14º, y, los más importante, aseguraban que la lluvia no iba a aparecer. Así pues, con todo a favor, según lo previsto nos pusimos en marcha a la hora señalada, las 11,30 de la mañana. Sabíamos de antemano que atravesar Oviedo para coger la senda por la que haríamos el primer tramo de nuestro recorrido, no iba a ser nada fácil. La bicicleta combina mal con los coches y no está bien vista por la gente que quiere caminar tranquilamente por las aceras. Recientemente Oviedo ha empezado a desarrollar un proyecto de promoción de la bicicleta, con señalizaciones de “Zona 30”. Se busca un cambio de filosofía en cuanto a los desplazamientos por la ciudad. Se plantea que todo el espacio urbano está abierto para la bici. Aunque en algunas calles del centro ya se han puesto las indicaciones, de momento el plan es algo que está en papeles y poco más. Después de tantos años en los que nadie se acordó de la bici, y cuando ya se había extinguido su utilización en la ciudad, va a costar dios y ayuda cambiar de mentalidad. Habrá que darle tiempo pero, hoy por hoy, hay que ser muy valiente para lanzarse a unas calles estrechas, diseñadas para que sólo un vehículo entre en ellas, y con unos adoquines laterales que dan pánico al ciclista; hay que ser muy osado para disputar el espacio de las aceras a unos peatones que ya de por sí tienen que sortear todo tipo de mobiliario urbano, bancos, jardineras, árboles, monumentales farolas que con sus bases de granito ocupan bastante más de lo que debieran... Pues bien, con todo esto encima, hemos hecho nuestros 4 km de travesía urbana hasta el Parque de Invierno como hemos podido. Es decir, por tierra, mar y aire; mejor dicho, por calles, aceras, por pasos de cebra, a pie o dando pedales, esperando el semáforo en verde o aguantando la presión de algunos coches que metían el morro intentando quitarnos de en medio.

Una vez en la senda que lleva a Fuso de la Reina todo fue coser y cantar, tan simple como dar pedales y dejarse llevar, más cuando este tramo tiende a descender. El rodar ya se hizo absolutamente inmejorable cuando al alejarnos de Oviedo fue desapareciendo la gente que sale a caminar por esta zona. Yo marcaba el ritmo y la seriedad. Berto y Davo a lo suyo: risa tras risa. “Mucho ha cambiado la calle Uría”, “esto de la bici es una broma”, “dar pedales no cansa”. Es lo que tiene la edad heroica, todo es fácil, todo está chupado. Unos túneles, unas voces, unas pruebas de eco... y pronto aparece a la derecha la vega por la que el Nalón comienza a ensancharse camino de Las Caldas. Por un antiguo tramo rural asfaltado, descendimos rápido hasta el mismo nivel del río. A la altura de una pequeña central térmica en la que chirriaban sus bovinas como si tuvieran alguna dolencia, atravesamos el río por un puente colgante, de unos 75 m. Cierto “ui ui” se oyó al pasar por un tramo de chapas mal ancladas a la base, probablemente como consecuencia del golpe de algún árbol arrastrado por la corriente en una de las últimas crecidas. “Yo me agarro al cable y me olvido de la bici: y mañana la recojo en Muros de Nalón”, se oye decir detrás de mí. No era para tanto, pero las chapas estaban inclinadas. Seguimos paralelos al río durante un trecho. Algunos bordes del camino están descarnados, con trozos que se ha llevado la corriente. Muy cerca de Las Caldas, al llegar a la carretera, cogimos a la izquierda, camino de Caces, dirección Trubia. Pasamos a la altura de Casa Eleuterio y juro que no paramos ni a tomar un café ni tan si quiera una coca-cola. Este tramo hasta Trubia es una carretera estrecha, de las de antes, de cuando apenas había coches y los coches eran pequeños y corrían muy poco. Hoy se anuncia como una senda mixta por la que transitan peatones y vehículos. No encontramos ninguno. Prados y bosques se alternan. El río baja con ganas, las orillas tienen troncos y árboles caídos; es un paisaje bastante desolador, en contraste con el bullicio que trasmiten las burbujas de espuma brillante que forma el agua al chocar con los cantos del fondo del río. Botellas, bolsas de plástico, trapos... y otros deshechos jalonan las orillas. Para mis acompañantes es la bisutería fina de la que presume la naturaleza. Una plantación de kivis, con evidentes muestras de destrozos, es la prueba evidente de la seriedad del Nalón cuando se desborda.

La proximidad de Trubia se huele. Los olores de la Química es el precio que pagamos por el desarrollo, y por la riqueza del carbón de esta tierra. Atravesamos la histórica y apagada localidad en un recorrido fácil, sin tráfico. Bordeamos todo el perímetro de la fábrica. Las instalaciones militares, con sus edificios decadentes, se extienden durante varios Km al otro lado de la carretera principal. Y pronto, casi sin darnos cuenta: el paraíso: la Senda del Oso: otro mundo. Una hora y 30 minutos de recorrido, 24 Km que apenas se notan en las piernas. Los jóvenes vienen detrás. Son como cachorros. Yo marco el camino y pongo el ritmo. Ningún intento de ataque y menos aún de fuga. Todo va bien. Por un terreno en ligero ascenso, mantenemos un ritmo de 17-18 km/h. Es un falso llano de esos en los que la bicicleta pesa. San Andrés, Tuñón.... Todo va sobre ruedas. Unas ovejas pastan y un par de mastines contemplan nuestro rodar redondo sin inmutarse. Unos gatos salen de la esquina de un antiguo molino a ver quién viene. Unos kilómetros más arriba, una ardilla está de faena en medio del camino, da un salto y se sube a un tronco del borde. Se queda allí. No vemos a ningún ciclista, de vez en cuando nos encontramos con algún caminante. “¿Dónde están los osos?”, nos pregunta uno. “¿Los osos?, en el monte”, dice uno de mis pupilos. Poniendo un poco de seriedad, le contesto al señor que aun le quedan cinco o seis km... Nosotros los hacemos enseguida. Sobre la marcha, sin parar, vemos que uno de los osos da vueltas al perímetro de su alambrada. De los otros nada se puede decir, no aparecen por ningún lado. Quizá será que están hibernando, o que se han ido de vacaciones o sencillamente que se han fugado, van comentando animadamente mis acompañantes. "Ni rejas ni fronteras", matiza uno de ellos. Nuestro trayecto continúa. Ya han caído 37 km. Empiezan las primeras dudas sobre la conveniencia de alcanzar nuestro objetivo inicial de llegar a Teverga. Más que controlar los km nos interesa controlar las horas de luz. No llevamos ni una simple linterna para hacernos ver. No somos unos ciclistas caracterizados por la buena logística. Solo hay que ver el casco natural de que llevan los chavales. Ya les he dicho que es la última vez que salimos en esas condiciones. Aún no hemos comido y son casi las tres de la tarde. Decidimos avanzar unos km más. Pasamos varios túneles. Primero uno corto y después otro algo más largo y, por fin, para darle emoción, uno superlargo. Se hace difícil mantener el equilibrio cuando la iluminación es prácticamente nula: solo la luz que se ve al final funciona de referencia para mantener el equilibrio. Se tiene la sensación de que uno va en barco, a merced de los golpes de mar o de los baches que hay en el camino. Salimos y “¡coño, se ha hecho de día de repente!”, dice uno de los dos con una voz que se pierde a nuestras espaldas en la oscuridad del túnel. Nos quedan unos Km para la meta. Al coger la dirección de Teverga, en unos pradinos de solana donde pastaban unos terneros muy jóvenes, de esos que dan fama a la carne de la zona, el apetito se dispara y, allí mismo, contemplando aquel paisaje bucólico y pastoril, cien por cien bovino, decidimos sin más sentarnos a comer nuestros bocadillos, en las mismas piedras del muro del camino. Prados de hierba tierna, manchas de bosque que resultan oscuras a contraluz, y arriba los peñascos de caliza, casi pegados al cielo, un cielo azul lleno de manchas blancas de las nubes.

La vuelta, fácil. Manta y carretera, que se rueda mucho mejor. Y sin ningún peligro, pues apenas circulaban coches. Eso sí, en el trayecto paradas discrecionales en todas las máquinas de chucherías que encontramos: en Proaza, en un bar, en una gasolinera.... Todo con la sana intención de reponer fuerzas. Y es que estos jóvenes son como máquinas. Y para contarlo todo, por último, como Trubia es una ciudad militar, se produjo un asalto definitivo al supermercado de la localidad, para hacer un botellón de zumos, refrescos y bebidas isotónicas de forma itinerante en el trayecto del tren que poco después cogeríamos para volver a nuestro punto de partida, el barrio de La Corredoria.

Eso fue todo. Estupendo. Habrá que intentarlo más veces.

























Para todos los amigos que se asoman a esta venta mi más sincero deseo de que el 2011 sea un año plenamente venturoso.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Iniesta, el franciscano del fútbol

En cuestión de fútbol me declaro partidario de Iniesta. No soy del Barça ni tengo colores claramente definidos, pero soy partidario de ese 8 que no destaca por tener un físico poderoso o porque pega a la pelota como nadie, o porque sube y baja la banda mil veces, o por su rapidez o explosividad. Iniesta no destaca por nada de lo que en principio parecen cualidades fundamentales de un jugador. Pero a mí me gusta porque su juego no tiene trampa ni cartón, es lo que se ve, fútbol sin más, talento elaborado con los materiales más simples: la sencillez y el sosiego. Con una llamativa austeridad de recursos y una simplicidad de soluciones alarmantes (Iniesta no es el que más corre, ni el más fuerte, ni el que más salta...) ese centrocampista blaugrana humildemente nos dice en cada partido que no hace falta deslumbrar para ganar y jugar bien a fútbol. Cruyff destacaba por su verticalidad, Maradona por aquel toque sutil de izquierda, Pelé por el regate, Beckenbauer por su elegancia... Y llega Iniesta y descubre que no hay nada como lo discreto y simple. Parece fácil, pero es lo más difícil. Porque solo los que dominan su oficio saben encontrar la solución más sencilla, porque solo ellos saben salir de las dificultades con claridad, sin perder la compostura, y porque solo los que saben son capaces de llevar la ecuación más compleja a la expresión más elemental. Y todo sin estridencias, sin recurrir al artificio ni caer en esa amanerada sofisticación que con tanta frecuencia se vende como excepcional en los periódicos y la televisión. Por su sencillez, ese ocho salido de una tierra dura y extrema, es el franciscano del fútbol. Sin prisas y con todo el sosiego del mundo, de forma limpia y clara se ha convertido en un maestro del arte del balón, un modelo a seguir, un ejemplo a imitar. En un tiempo de fútbol disparatado y plagado de excesos y figuras de relumbrón envueltas en papel de celofán, Iniesta nos enseña con absoluta naturalidad que jugando de forma sencilla también se alcanza un lugar destacado entre las estrellas: entre las auténticas estrellas.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Subir, bajar

Subir y bajar, dar vueltas. Llanear. Embarrarse. Un ejercicio de superación. Está bien.

Si todavía queda por aquí algún visitante, un saludo











jueves, 12 de agosto de 2010

Memoria histórica y futuro

Después de cientos de años de olvido y abandono, ahora que muchos seres humanos apenas acaban de asomarse a la vida digna, viene Hawking y nos dice que sólo nos quedan 200 años.
Tranquilidad: 200 años son más que suficientes, son más de los que uno quisiera para disfrutar.

Así vamos: En su día alguien tendrá memoria histórica para exigir responsabilidades.

jueves, 29 de julio de 2010

A los paganos de Oviedo y sus visitantes.

Oviedo ciudad limpia. Oviedo ciudad bonita. Qué visitar en Oviedo. Lugares de Oviedo. La grúa municipal de Oviedo. La policía municipal de Oviedo.

Está en boca de muchos que Oviedo es una ciudad de limpieza y orden. Yo defiendo que esa opinión, de la que presumen tanto sus políticos y responsables, es sólo una imagen, un escenario de dudoso beneficio para sus vecinos. Oviedo es una ciudad de eso, de presencia, de decorado, pero sin vitalidad e incómoda para vivir. No puedes utilizar la bicicleta (han renovado toda la ciudad y ya se han encargado de poner unos adoquines insalvables por todos los sitios, y farolas, y jardineras y adornos de todo tipo: es difícil encontrar a alguien en bicicleta por Oviedo), no puedes utilizar el coche salvo que estés dispuesto a desembolsar imposibles costes de aparcamiento o te la juegues a que te lo lleven mientras vas a la farmacia de guardia o dejas a tus hijos en la puerta del cole o subes un momento a buscar a la abuela..., no puedes ir al centro salvo que te aventures en autobuses la mayor parte de las veces abarrotados y lentos, que tardan 45 minutos en atravesar la ciudad...
Las normas buscan el bien común, pero cuando ese bien no se ve afectado y se sigue aplicando la norma sin criterio alguno se tiene el peligro de caer en la tiranía del que manda, se ahoga la vida de los propios ciudadanos y se convierte el hecho de vivir en la ciudad en algo insoportable. Una cosa es la ley puesta para el beneficio de todos y otra cosa es saber aplicar el espíritu de la ley cuando no se molesta a nadie. Me imagino que los responsables de la grúa municipal no sean máquinas, me imagino que los agentes tengan capacidad suficiente para saber qué molesta o no molesta, qué perjudica a la convivencia y qué es lo que de ninguna forma se pueda admitir o es urgente (me imagino todo eso y no quiero imaginarme otras cosas).

Esta introducción viene a cuento de la siguiente historia, una mala historia que trastocó una plácida mañana de finales de julio en Oviedo, cuando la ciudad más que tranquila, estaba medio muerta: porque una parte de sus habitantes ya se han ido de vacaciones y porque Oviedo ofrece escaso atractivo para atraer a foráneos. La grúa me ha llevado el coche por estar aparcado al final de una calle sin salida, de un barrio apartado, en una zona aislada, al lado de la antigua cárcel provincial; una calle que no tiene ningún tránsito ya que finaliza en el terraplén de las vías que llegan a la Estación del Norte. Por allí no se puede ir a ningún sitio. Es evidente que el coche tenía dos ruedas sobre la acera, es evidente que pisaba un poco la raya amarilla, pero también es evidente y notorio que ahí aparcado no molestaba en absoluto a nadie. 275 euros por eso es una desfachatez y demuestra la tiranía a la que estamos sometidos (más del 25% del sueldo de un mileurista); y demuestra lo poco que le interesa a la autoridad el beneficio y bienestar de los suyos. Espero que ese agente que me ha llevado el coche haya tenido la misma finura normativa para dar parte de la otra incidencia encontrada allí mismo: la mierda de perro en la acera. Entiendo que su trabajo sea el de retirar los coches, pero supongo que, aplicando el mismo celo que ha tenido para dejar la acera expedita, falsamente expedita (la multa ha sido por estacionar sobre la acera), con prontitud haya hecho las diligencias oportunas para que alguien recogiera todas las deposiciones que hay a lo largo de la calle. Porque, en efecto, los ciudadanos queremos andar libres sin obstáculos y sin tener que llenarnos de mierda los zapatos.

Una vez que retiré el coche del depósito municipal, donde por cierto fui atendido por quien a mi juicio se portó como un profesional de la antipatía y el desprecio (un perfil estupendo para el puesto de pecera en el que le han metido: le costaba mirarme a la cara y dar las más mínimas explicaciones), volví al lugar de los hechos para aparcar otra vez allí y poder así sacar unas fotos y contar bien lo ocurrido. Pero resultó que no hizo falta. De la misma forma que yo había aparcado mi coche, con el mismo criterio de saber que allí no se molesta a nadie, otro ciudadano volvió a dejar el suyo. Y cuántos más lo habrán hecho a lo largo del día. Otros pobres paganos a los que les sacarán esa parte oculta de los impuestos, esa parte no escrita de las cargas municipales, esos 275 euros con los que los políticos podrán vender mejor su imagen y decir que Oviedo es una ciudad ordenada y limpia.

Yes un artista, Gabino. Da gusto ver cómo se controla la ciudad. Y sin necesidad de acudir a los plenos.











A un amigo: Javi Cubillo

A media tarde me ha llamado Eva y con una voz apagada me ha dicho: Javi Cubillo ha muerto. De repente la tristeza me atravesó el alma. El azul de la playa de San Lorenzo se volvió plomizo, las olas se trasformaron en cuchillos chirriantes y empecé a notar el suelo que pisaba como si fuera de arenas movedizas. Hace unos minutos que se acaba de ir, en el hospital; la información es confusa, todavía es pronto para saber qué ha sucedido, me dijo mi hermana. Esta medicina que a veces nos sorprende y emociona con sus logros otras nos llena de rabia y desazón, parece que no sabe estar a la altura de los tiempos. Cagüen la mar, sí Javi era un chaval, tenía mis años, quizá uno o dos menos. Hay que echar la culpa a alguien cuando la fatalidad de la muerte se empeña en llegar. La última vez que lo vi fue en un encuentro casual, a pie de calle, en nuestro barrio de La Luz. Un saludo amigable, unas palabras, unas preguntas por cómo nos iba la vida y cómo iba la vida de los nuestros. Desde hace años no mantenía contacto habitual con él pero un manojo de hilos tejidos en nuestra juventud todavía nos mantenía unidos. En aquellas tardes vacías de los 70, quedábamos para nada. Y la nada era dar vueltas al barrio y hablar, como si quisiéramos caminar para crecer, como dice la canción; o como si quisiéramos hablar para comprender mejor el mundo y a nosotros mismos. Él era buen conversador. Y caminaba rápido, muy rápido, como si tuviera prisa por llegar a algún sitio. Cuando todavía faltaban unos años para que la televisión en color llegara a este país, una día me invitó a su casa para ver a todo color la película del oeste de las tardes del domingo. El método era tan sencillo y de tanta transparencia, y tenía tanta grandeza, como el mismo corazón de Javi. Un plástico tintado sobre la pantalla convertía el cielo, en azul, y la tierra arenosa del desierto, en marrón. Y me puso unos discos de Boney M y me preguntó si no me gustaba aquella música. No recuerdo lo que le contesté pero a buen seguro que no le puse muy buen gesto. Hoy desde aquí quiero decirle que sí, que sí me gusta la música disco de Boney M, aunque sólo sea por recordar lo buenos que fueron aquellos años.
Hoy cuando estaba en la playa de San Lorenzo me llené de pena y sentí que soy un poco menos.
Mi más sentido pésame a Nieves, su mujer, y a sus hijas. Un sentido abrazo para vosotras.
Se te echará de menos, chaval.

domingo, 25 de julio de 2010

I+D+I

Lo que más me interesa de todo el panorama actual es lo que está escrito en la señales tráfico que anuncian las áreas de descanso y las rotondas. No hay que perderse en mil explicaciones para decir que me atrae el descanso ¿A quién no? Y poco espíritu poético hay que tener para entender eso de “todas las direcciones”. No lo puedo evitar, cada vez que lo leo, me da un vuelco el corazón. Es muy loable que desde instancias tan elevadas y reconocidas se pongan a mano del humilde ciudadano estos recursos. En un radio de 50 km tengo seleccionadas 7 áreas de descanso e infinidad de rotondas. Según los casos, selecciono lo que más me interesa. Si sospecho que mi quietud es excesiva, me dirijo a la autopista más transitada, al km 27; si adivino que la causa de mi agobio es por un ritmo vital alto, me voy al área de descanso menos transitada... Y allí contemplo como revolotean las mariposas, que este verano he apreciado que vienen blancas con motas negras... Si por su parte, por poner un ejemplo (que con la debida deconstrucción entenderá quien lo tenga que entender) si lo que necesito es separar el polvo de la paja, me voy a contemplar una rotonda adornada con un molino de viento (sin necesidad de allegarme hasta Albacete) o si lo que pretendo es transitar por el tiempo y arribar a cualquier puerto, me voy a esta otra, a la de la foto. Qué le vamos a hacer. Pero, real y sinceramente, lo que más me llena es tomar un café. Eso sí, con la persona adecuada.


martes, 6 de julio de 2010

Lo que fuimos y lo que somos

A modo de saludo
Hace mucho tiempo, a este saliente de la costa asturiana solía acercarse un grupo de pobladores que se sentaba sobre los riscos del acantilado con los pies colgando a contemplar la caída del sol mientras le daban a unas llámpares y bígaros que con mucha necesidad, en disputa permanente con las olas, habían arrancado de allá abajo, de donde el mar golpea las rocas. Cientos de años después, los herederos de aquel grupo, venidos a más, les dio por proteger sus dominios del azote del viento, del agua y de las esporádicas incursiones del enemigo con sólidas y elaboradas construcciones de piedra. Siguió pasando el tiempo y llegó el turno de los romanos que acostumbrados como estaban a su mar tranquilo jamás se atrevieron a meter un pie en el tenebroso Cantabrón; y luego, algo más tarde, no faltaron por la zona los vikingos, que más que gloria sembraron desolación y zozobra entre las gentes. Y con todo este ajetreo (por otra parte, propio de cada época), la cosa se fue complicando: que si primero la caballería, que después la contundente artillería, que más tarde las bombas de explosión, las de implosión, y de racimo.... Qué duda cabe que hubo momentos de paz y que en alguno de ellos se aprovechó la coyuntura para levantar con aquellas mismas piedras un modesto faro de costa que serviría de guía en las noches de galerna y temporal, que fueron muchas de las esperadas.
Y con todo esto a cuestas, a eso de la hora de la siesta, más o menos confuso y un tanto pesado, este dubitativo escribiente se acercó a la referida atalaya marina para sacar esta foto y poder así comentar que, según van las cosas, el pasado y lo que fue, lo mires como lo mires se ha convertido en pura contemplación estética.

Notas para la reflexión: Lo que fuimos y lo que somos; de dónde venimos y hacia dónde vamos; lo que tenemos y lo que vamos a tener, lo que hemos dejado atrás y lo que se nos viene encima. Ojalá ganemos el mundial

martes, 27 de abril de 2010

Por fin ha salido el sol

Hoy ha salido el sol. Hoy me ha llegado una carta. Del hospital. Es favorable.
Hoy Bubok ha publicado en su web que el Laberinto secreto de La mansión del Indiano de Guatemala ha quedado finalista en su concurso literario. Algo es algo.
Hoy el termómetro ha llegado a marcar 26 grados. Hora era.
Hoy mi mujer le ha dicho a Amalita que no le diera más vueltas y que se comprara la lavadora de carga superior, que, total, para cuatro bragas que tenía que lavar le iba a aguantar de sobra.
Un saludo, amigos. La vida no es perfecta. En la medida de lo posible intentaré poner en marcha el reloj. No es un Rolex como el de los políticos, pero uno tiene que tirar con lo que tiene.
Claro!, mi mujer dice que Amalita está necesitada de hablar hasta con las paredes.

jueves, 25 de febrero de 2010

Con mi dolor profundo

Reina Luisa Tamayo, madre de Orlando Zapata, ha dicho embargada por el dolor de la muerte de su hijo en una cárcel de Cuba: Yo, con mi dolor profundo, pido al mundo que exija la libertad de los demás presos, de los demás hermanos que se encuentran encarcelados injustamente..., mientras nos corra un poquito de sangre por nuestras venas...
Que las palabras de Reina Luisa se conviertan en una fuerza imparable. Es mi deseo

lunes, 15 de febrero de 2010

Me gusta el fútbol

En el orden sólo hay repetición. En la continuidad, recapitulación. Por eso me gusta el fútbol. Porque la aplicación de la norma es imprecisa, porque el árbitro se equivoca con frecuencia, porque los jugadores no siempre aciertan, porque el azar y la inspiración son tan importantes como la disciplina y el trabajo, porque una vez aceptado este orden caótico sólo cabe una apasionada creatividad para alcanzar la victoria.

( Presento mis disculpas por no aparecer con mis comentarios por vuestros blogs. Estoy de transición personal. Volveré en cuanto pueda)

martes, 2 de febrero de 2010

Una especie de vacío

Para escribir es necesario poner algo de vida en lo que se dice, hay que introducir algo de pasión, poner un poco de ternura, de soledad, de impaciencia... Si no logramos juntar una gotas de vida con las palabras que escribimos, el texto resultará plano, anodino, sin profundidad... Ahora bien, hay vacíos que tampoco son desechables, al menos si son vacíos con cierto sentido.

viernes, 22 de enero de 2010

Es lo que hay

Esto es de lo poco que va quedando: una foto robada a la noche. La oscuridad es mala compañera para la fotografía. Uno ya está pensando en que han de venir días largos y luminosos.

jueves, 14 de enero de 2010

Peña Ubiña

Desde un lugar indeterminado de la comarca de Babia tomé esta foto de Peña Ubiña. De Babia ya sabe todo el mundo lo que se dice y de Peña Ubiña, de ella dijo el ilustre Jovellanos:
Vese desde tierra de Segovia y desde muy adentro del mar.

viernes, 8 de enero de 2010

Invierno duro

Salgo del aparcamiento con Un viejo que leía novelas de amor camino de la biblioteca y cuando parece que una inmensa panza de burro se va a posar sobre la ciudad pequeñas balas blancas comienzan a rebotar contra el asfalto. Un hombre se pone de rodillas y junta las manos para pedir. La gente abre el paraguas, desaparece. Quien más quien menos busca refugio.