miércoles 29 de abril de 2009

Naturaleza muerta

Naturaleza muerta. En el terreno artístico también se dice bodegón.


lunes 27 de abril de 2009

Reseña de "El laberinto secreto..." y otras cosas

Como ya sabréis muchos de los que pasáis por aquí, Pedro Ojeda Escudero, profesor de literatura de la Universidad de Burgos, ha sacado en La acequia una reseña sobre El laberinto secreto de La mansión del Indiano de Guatemala. Pedro, como siempre, tan amable y gentil. Mi gratitud y admiración.



Me han llegado algunos correos preguntando si el libro se puede adquirir en las librerías. Sé que Bubok ha iniciado algún movimiento para que algunos de sus libros puedan llegar a ellas (hasta ahora sólo se vendían en la plataforma de Bubok; y no sé si El laberinto está en la selección de libros que hace Bubok para las librerías).

Con todo, al día de hoy las formas de adquirir el libro son:
Tienda de Bubok: libro físico (tarda unos quince días en llegar)
Libro en archivo PDF (descarga inmediata)
Bibliotecas: encargándolo al responsable
Librerías: requiere como paso previo inscripción del librero en un registro de Bubok.
De forma personal yo intentaría por algún medio hacer llegar el libro

jueves 23 de abril de 2009

Un poco de color

Ahora que se avecina el verano apetece un poco de color. Cómo se nota la luz de Castilla.

martes 21 de abril de 2009

Estoy que zoplo

El próximo sábado, Pedro Ojeda Escudero tiene programado introducir en La Acequia una reseña de El laberinto secreto de La mansión del Indiano de Guatemala, el libro que recientemente he editado en Bubok. Para alguien que está al margen de la literatura, que escribe a tiempo parcial y que está fuera de los canales del libro, que un profesor de literatura de la Universidad de Burgos ponga su saber y su tiempo en comentar algo que uno ha escrito, es todo un honor.

Escribir es como caminar, pero un caminar especial, despacio y en solitario, con los ojos bien abiertos y el corazón atento para dejarse sorprender. Y puedo decir que en este recorrido, al igual que José Manuel y Olvido lo fueron con su participación el día de la presentación de El laberinto..., Pedro también es otra de las grandes y gratas sorpresas aparecidas.
Yo no sabía que él estaba allí, esperando en una de las vueltas del camino. Cuando llegué a su altura, me preguntó si llevaba algo en la mochila. Le dije que sí y le entregué el texto. Y sin más se puso a leer. Y es que todo fue tan sencillo como si hubiera sido así. Y él lo hizo todo de forma tan gentil y natural, que yo miré alrededor para ver si aquello era verdad o era mentira, para ver si es que me había alejado tanto de la realidad que Pedro me estaba esperando, pero que lo hacía desde su Ínsula particular o su lejana Utopía. Volví a fijarme bien y comprobé que no, que era Pedro de verdad, en carne y hueso, tal como es: con las manos extendidas, limpias y abiertas, sin más.
Admirable, Pedro. No sé cómo agradecértelo. De momento, contabiliza que en estas tierras de Asturias tienes un amigo, esperando; y por su puesto una fabada y unas sidrinas pagas.

Y entretanto llega la reseña del sábado estoy como un niño que zopla.

sábado 18 de abril de 2009

Castrillo de los Polvazares

Muy cerca de Astorga, en Castrillo de los Polvazares, parece que el tiempo se hubiera detenido.

martes 14 de abril de 2009

Ejercicio de escritura: A ver qué sale.

Según me he podido enterar yo en esta fuente de documentación que es Internet esta pilastra escultórica que está situada en la esquina derecha de la Basílica de San Marcos de Venecia fue traída por los lugareños desde Constantinopla como botín de una de las cruzadas de los tiempos medievales. Lo que no he podido averiguar es el recorrido del señor que está sentado junto a ella. Me imagino que aquella mañana, como todas las mañanas, después de asearse un poco y desayunar, habría acompañado hasta la escuela a su nieto y de vuelta habría hecho algún recadito doméstico de poca monta como comprar un enchufe para sustituir el que se había estropeado la tarde anterior o aprovechar para coger un par de quilos de naranjas de oferta. Puede que hiciera alguna de estas cosas u otras semejantes antes de darse un paseo por las estrechas calles de Venecia con la intención de llegar a su asiento favorito, junto a los imperturbables guerreros para, también como ellos, desde allí sentarse quieto a contemplar, por el puro placer de contemplar.

lunes 13 de abril de 2009

domingo 12 de abril de 2009

Est vraiment resucité

Resumen de la fe cristiana

viernes 10 de abril de 2009

Se pinta el mar



Las casas de los pueblos marineros
abren todas al mar sus agujeros:
rejas y puertas y ventanas,
toda la vida de la mar esperan

Se pinta el mar. Eduardo Marquina

miércoles 8 de abril de 2009

Como una cabra

Fui un día a un pequeño pueblo de la montaña y esta oveja me miró con tanto asombro que enseguida descubrí que estaba fuera de sitio.


lunes 6 de abril de 2009

Terremoto centro Italia

Con demasiada frecuencia llegan malas noticias de Italia. "Entre las ruinas de los edificios suenan los móviles", he escuchado por la radio. Un recuerdo lleno de tristeza por ese admirable país que es Italia.


SIENA

viernes 3 de abril de 2009

Texto Presentación Laberinto secreto

José Manuel Lozano, XuanRata de CALENDARIO DE INSTANTES, se lució el día de la presentación de El laberinto secreto de La mansión del Indiano de Guatemala. Aquí dejo sus palabras. Los asistentes al acto disfrutamos de ellas. Ahora os toca a vosotros. Gracias a José Manuel por pasarme el escrito de lo que yo creo que es una inteligente y acertada interpretación del libro. (En la foto José M. Lozano, este escribiente y Olvido Vázquez)

Para los que vengáis con prisa, estas pinceladas. Y el TEXTO ÍNTEGRO, AQUÍ.


“Me temo que los buenos libros son precisamente aquellos que nos plagian, aquellos que reescriben de un modo más sutil nuestra vida, esa humilde obra no escrita de cada uno de nosotros...”

“Cuando una obra nuestra sale al mundo queda expuesta a toda clase de malversaciones y mordiscos, y... tal vez sea esa la condición para que, como les ocurre a los vampiros, esa obra pueda seguir con vida” “Con esto que digo no estoy defendiendo al vampiro literario que actúa en la sombra y oculta cobardemente la identidad de los cuellos que muerde...”

“... Quiero deciros que sí creo que hay en la novela de Andrés algo esencial que permanece inalterable por encima o por debajo de todas sus diversas lecturas: al margen de la peripecia general, del misterio a resolver y de las pequeñas y maravillosas historias que se van adhiriendo a la principal y la van enriqueciendo, lo que queda es sobre todo la voz que nos habla en primera persona: ese tono de cotidianeidad que se deja sorprender, de proximidad, sin grandilocuencias pero llegando a lo esencial, una media voz precisa y cercana que nos convence para compartir esa aventura ingenua de llegar a las raíces de un embrollo, aunque sea para descubrir que al final de ese embrollo estamos nosotros mismos. Y esa voz es para mí el hecho más real de todos los hechos reales que se cuentan en el libro...”
Si quieres leer las primeras páginas: http://www.bubok.es/ver/preview/7038

Presentación del Laberinto

Casi éramos ciento y la madre (mi madre, claro). Echamos unas palabras, pensamos un poco, nos reímos un montón y nos fuimos a tomar un vino y comer unas tortillas. XuanRata, magistral, hilando sus frases por La mansión del indiano, desde el sótano a la estancia más luminosa, con total claridad; y mi amiga Olvido, como buena profesora, poniendo el acento en los aciertos del libro.


Texto de la lectura de José Manuel Lozano, XuanRata.


Cuando hace un par de meses leí el libro de Andrés, ni su libro era libro, (no pasaba de ser un archivo adjunto a un e-mail) ni yo conocía a Andrés personalmente, bueno, nos conocíamos a través de nuestros blogs, pero a parte de eso no sabíamos nada más uno de otro. Y ni siquiera había leído su libro anterior, Espacios Personales. Total, que en aquel momento carecía por completo de antecedentes. Fui por tanto un lector inocente, si es que tal figura es posible. Poco podía imaginar yo entonces que sería precisamente esa posibilidad o no de la inocencia en la lectura uno de los temas que proponía, casi sin querer, El laberinto secreto de la mansión del Indiano.


Reconozco que recorrer el laberinto fue sencillo, un paseo liviano, porque así es como se siente su lectura. Otra cosa bien distinta fue salir de él. Me temo que aún sigo dando vueltas.
La novela parte del descubrimiento de un hecho casi increíble: numerosos indicios apuntan la posibilidad de que se haya cometido un crimen cuya víctima es el propio protagonista que nos cuenta la historia. Rastrear esos indicios hasta descubrir la verdad será su objetivo. Se trata pues de una novela de suspense, como toda buena novela que se precie. Pero no es el suyo un suspense al uso, ya que no es necesario aquí desenmascarar al culpable sino probar la existencia misma del delito: un robo literario, un aparente plagio cometido con palabras y su veneno más potente, las metáforas. Y no es en este caso un plagio burdo, sino un plagio, digámoslo así, de guante blanco, por lo que desentrañar la sutileza del atraco exigirá una lectura diferente, basada antes en lo que no se dice que en lo que se dice, y de ahí la dificultad del laberinto.


Nuestro detective no es un Hércules Poirot, aunque algo tiene de sutileza, ni un Indiana Jones, aunque posee, eso sí, su misma determinación. Es tan sólo un peluquero con afición por la escritura, un hombre sencillo con problemas para pasar la Itv, como cualquiera de nosotros, un hombre que quiere a su mujer y que encontrará a su querido Watson en la figura de una bibliotecaria a la que “le encantan las historias de libros”. Habituado a desbrozar las cabezas de los demás no tendrá dificultad en ir desbrozando también el matorral de palabras de una novela ajena para detectar las múltiples coincidencias con su propia novela.


La lectura de esta novela se convierte así en la novela de una lectura. Ya veis que el símil del laberinto no es gratuito. Y al sumergirnos nosotros en esa lectura interpretativa que lleva a cabo el protagonista, como lectores que somos también, terminamos cayendo en esa misma tentación indagadora y empezamos a sacar nuestras propias conclusiones. Y así, mientras vemos cómo el protagonista se entrega a la búsqueda de correspondencias entre la copia y su original, nos preguntamos: ¿acaso no es toda lectura, incluida ésta, la que yo he hecho de su libro, una búsqueda de correspondencias, o mejor aún, un abrir la correspondencia? ¿No creéis que abrir un libro es siempre abrir una carta que esperamos venga dirigida a nosotros personalmente? Efectivamente, nuestro peluquero preferido no cesa de encontrar alusiones a su propio relato en el libro del famoso novelista, y su reacción oscila entre la indignación, la incredulidad y también, por qué no, la admiración. Pero es que yo también me he visto retratado y aludido en la novela de Andrés: porque he sentido que la pasión del protagonista por la literatura, pasión que impregna cada una de las páginas del libro, era también la mía. Porque yo también, como el peluquero, encuentro en la literatura el instrumento capaz de devolvernos esos sentimientos que la memoria no alcanza a retener, la herramienta que sirve para darle cuerda al tiempo. Porque a mí, como a él, también me sobrecogen y me aturden los centros comerciales y tampoco entiendo por qué he de llenarme yo mismo el depósito del combustible, y porque yo soy un admirador de la vaca, de la que todos hemos mamado, y en fin, porque me veo a veces, también como él, desbordado por unos tiempos que siempre son, inevitablemente, demasiado modernos. Me temo que los buenos libros son precisamente aquellos que nos plagian, aquellos que reescriben de un modo más sutil nuestra vida, esa humilde obra no escrita de cada uno de nosotros. De todos modos, no te preocupes Andrés, de momento no tengo pensando denunciarte por plagio. De momento.

Pero es que además en nuestra particular lectura no sólo pesan nuestras vivencias y nuestra sensibilidad, y también por qué no decirlo, nuestros prejuicios, sino además todas nuestras lecturas pasadas y todas las historias escuchadas, porque ficción y realidad forma un mismo sustrato en nosotros desde la infancia. Un ejemplo: a mí, cuando oigo hablar de laberintos, mansiones, bibliotecas y dobles, enseguida se me aparece la sombra de Borges, porque era ésta precisamente su simbología preferida, y digo dobles, porque Plácido Miranda, el novelista plagiario, es sin duda el doble del peluquero, el alter ego que ha logrado el éxito y representa la posibilidad realizada de una vida más alta, aunque quién sabe si más infeliz, más turbia, más dolorosa, incluso más ficticia. Eso sin contar con que una novela es el doble de otra. Habla Borges en su relato La Biblioteca de Babel acerca de cierta superstición según la cual debe existir en algún lugar un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás. Tal vez la solución a la búsqueda de ese libro sea que en un libro, en cualquier libro, están todos los libros porque todos están hechos con los mismos ladrillos, y las palabras y las metáforas contienen en sí mismas el catálogo completo de nuestras ideas y de nuestros sentimientos. Dice uno de los personajes de la novela que los frutos de la literatura son el resultado de semillas inconfesables. Y así es, si uno hila lo suficientemente fino, como lo hacen los autores de las dos novelas enfrentadas, de una idea surgirán por asociación, que es como germinan las ideas, nuevas ideas y tal vez con propósitos distintos, pero sólo tirando de ese hilo, como el hilo aquel de la Ariadna salvadora, saldremos del laberinto de la rutina del marasmo del olvido. Naturalmente con esto que digo no estoy defendiendo al vampiro literario que actúa en la sombra y oculta cobardemente la identidad de los cuellos que muerde, sino únicamente que cuando una obra nuestra sale al mundo queda expuesta a toda clase de malversaciones y mordiscos, y que tal vez sea esa la condición para que, como les ocurre a los vampiros, esa obra pueda seguir con vida. Dice otro de los personajes de la novela que lo que está escrito y bien llevado al papel eso forma parte de la realidad. Y la realidad, digo yo, es por definición aquello que no nos pertenece.
Pero esta fascinación por la literatura, quijostesca fascinación por otra parte, tiene también sus peligros. La ficción puede convertirse, y casi siempre lo hace, en una realidad más intensa que la realidad misma, y podemos llegar a perder de vista la vida, que según dicen por ahí, es precisamente aquello que nos ocurre mientras estamos ocupados en otras cosas. Y así podríamos decir que a nuestro peluquero de tanto reconstruir molinos o laberintos, que para el caso es lo mismo, se le acaban echando encima. Suerte que tiene a su Dulcinea que lo quiere bastante como para tomar la lanza en su lugar y derribarlos si fuera necesario. Y es que sí, esta novela es también una novela de amor, como toda buena novela que se precie.


Creo que ya estoy en condiciones de responder a la pregunta que me hacía al principio acerca de si es posible una lectura inocente. La lectura del vampiro creo que se juzga por sí sola. Pero me temo que en mi caso tampoco es posible un veredicto inocente: mi lectura está demasiado infectada por todas mis obsesiones y mis manías, por mis lecturas pasadas y también por lo que espero de las futuras, y la verdad es que todo esto que acabo de deciros nunca podré saber cuánto estaba en el libro y cuánto estaba en mi cabeza, pues ahora el libro forma parte de mí y tal vez , quién sabe, yo también forme ahora parte del libro. Aunque eso sí, debo decir en mi defensa que fue una lectura sincera y además premiada con el disfrute, y en eso no hay plagio posible.

Pero antes de acabar quiero deciros que sí creo que hay en la novela de Andrés algo esencial que permanece inalterable por encima o por debajo de todas sus diversas lecturas: al margen de la peripecia general, del misterio a resolver y de las pequeñas y maravillosas historias que se van adhiriendo a la principal y la van enriqueciendo, lo que queda es sobre todo la voz que nos habla en primera persona: ese tono de cotidianeidad que se deja sorprender, de proximidad, sin grandilocuencias pero llegando a lo esencial, una media voz precisa y cercana que nos convence para compartir esa aventura ingenua de llegar a las raíces de un embrollo, aunque sea para descubrir que al final de ese embrollo estamos nosotros mismos. Y esa voz es para mí el hecho más real de todos los hechos reales que se cuentan en el libro.


Y bien, terminada la lectura de la novela, Andrés, sólo me queda saber qué nuevos plagios te aguardan. Has escrito tu novela a partir de la lectura de una novela ajena que a su vez fue escrita partiendo de la lectura de una novela tuya. ¿Se cierra el círculo? Me temo que nunca se cierra del todo. Una vez puesto en marcha el mecanismo, el juego de espejos continúa sin fin. Y todos vosotros reescribiréis al leerla la novela de Andrés, aunque espero que no todos publiquéis por el bien de Andrés y por el de las selvas amazónicas. En cualquier caso, sabes bien que por mucho crisis inmobiliaria que suframos, siempre habrá quien se apropie los ladrillos del vecino y construya sin licencia laberintos, mansiones o simples chiringuitos. Es el riesgo de construir, como tú lo haces, con buenos materiales.
Si quieres leer las primeras páginas: http://www.bubok.es/ver/preview/7038