A media tarde me ha llamado Eva y con una voz apagada me ha dicho: Javi Cubillo ha muerto. De repente la tristeza me atravesó el alma. El azul de la playa de San Lorenzo se volvió plomizo, las olas se trasformaron en cuchillos chirriantes y empecé a notar el suelo que pisaba como si fuera de arenas movedizas. Hace unos minutos que se acaba de ir, en el hospital; la información es confusa, todavía es pronto para saber qué ha sucedido, me dijo mi hermana. Esta medicina que a veces nos sorprende y emociona con sus logros otras nos llena de rabia y desazón, parece que no sabe estar a la altura de los tiempos. Cagüen la mar, sí Javi era un chaval, tenía mis años, quizá uno o dos menos. Hay que echar la culpa a alguien cuando la fatalidad de la muerte se empeña en llegar. La última vez que lo vi fue en un encuentro casual, a pie de calle, en nuestro barrio de La Luz. Un saludo amigable, unas palabras, unas preguntas por cómo nos iba la vida y cómo iba la vida de los nuestros. Desde hace años no mantenía contacto habitual con él pero un manojo de hilos tejidos en nuestra juventud todavía nos mantenía unidos. En aquellas tardes vacías de los 70, quedábamos para nada. Y la nada era dar vueltas al barrio y hablar, como si quisiéramos caminar para crecer, como dice la canción; o como si quisiéramos hablar para comprender mejor el mundo y a nosotros mismos. Él era buen conversador. Y caminaba rápido, muy rápido, como si tuviera prisa por llegar a algún sitio. Cuando todavía faltaban unos años para que la televisión en color llegara a este país, una día me invitó a su casa para ver a todo color la película del oeste de las tardes del domingo. El método era tan sencillo y de tanta transparencia, y tenía tanta grandeza, como el mismo corazón de Javi. Un plástico tintado sobre la pantalla convertía el cielo, en azul, y la tierra arenosa del desierto, en marrón. Y me puso unos discos de Boney M y me preguntó si no me gustaba aquella música. No recuerdo lo que le contesté pero a buen seguro que no le puse muy buen gesto. Hoy desde aquí quiero decirle que sí, que sí me gusta la música disco de Boney M, aunque sólo sea por recordar lo buenos que fueron aquellos años.
Hoy cuando estaba en la playa de San Lorenzo me llené de pena y sentí que soy un poco menos.
Mi más sentido pésame a Nieves, su mujer, y a sus hijas. Un sentido abrazo para vosotras.
Se te echará de menos, chaval.
Hoy cuando estaba en la playa de San Lorenzo me llené de pena y sentí que soy un poco menos.
Mi más sentido pésame a Nieves, su mujer, y a sus hijas. Un sentido abrazo para vosotras.
Se te echará de menos, chaval.
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