jueves 29 de julio de 2010

A los paganos de Oviedo y sus visitantes.

Oviedo ciudad limpia. Oviedo ciudad bonita. Qué visitar en Oviedo. Lugares de Oviedo. La grúa municipal de Oviedo. La policía municipal de Oviedo.

Está en boca de muchos que Oviedo es una ciudad de limpieza y orden. Yo defiendo que esa opinión, de la que presumen tanto sus políticos y responsables, es sólo una imagen, un escenario de dudoso beneficio para sus vecinos. Oviedo es una ciudad de eso, de presencia, de decorado, pero sin vitalidad e incómoda para vivir. No puedes utilizar la bicicleta (han renovado toda la ciudad y ya se han encargado de poner unos adoquines insalvables por todos los sitios, y farolas, y jardineras y adornos de todo tipo: es difícil encontrar a alguien en bicicleta por Oviedo), no puedes utilizar el coche salvo que estés dispuesto a desembolsar imposibles costes de aparcamiento o te la juegues a que te lo lleven mientras vas a la farmacia de guardia o dejas a tus hijos en la puerta del cole o subes un momento a buscar a la abuela..., no puedes ir al centro salvo que te aventures en autobuses la mayor parte de las veces abarrotados y lentos, que tardan 45 minutos en atravesar la ciudad...
Las normas buscan el bien común, pero cuando ese bien no se ve afectado y se sigue aplicando la norma sin criterio alguno se tiene el peligro de caer en la tiranía del que manda, se ahoga la vida de los propios ciudadanos y se convierte el hecho de vivir en la ciudad en algo insoportable. Una cosa es la ley puesta para el beneficio de todos y otra cosa es saber aplicar el espíritu de la ley cuando no se molesta a nadie. Me imagino que los responsables de la grúa municipal no sean máquinas, me imagino que los agentes tengan capacidad suficiente para saber qué molesta o no molesta, qué perjudica a la convivencia y qué es lo que de ninguna forma se pueda admitir o es urgente (me imagino todo eso y no quiero imaginarme otras cosas).

Esta introducción viene a cuento de la siguiente historia, una mala historia que trastocó una plácida mañana de finales de julio en Oviedo, cuando la ciudad más que tranquila, estaba medio muerta: porque una parte de sus habitantes ya se han ido de vacaciones y porque Oviedo ofrece escaso atractivo para atraer a foráneos. La grúa me ha llevado el coche por estar aparcado al final de una calle sin salida, de un barrio apartado, en una zona aislada, al lado de la antigua cárcel provincial; una calle que no tiene ningún tránsito ya que finaliza en el terraplén de las vías que llegan a la Estación del Norte. Por allí no se puede ir a ningún sitio. Es evidente que el coche tenía dos ruedas sobre la acera, es evidente que pisaba un poco la raya amarilla, pero también es evidente y notorio que ahí aparcado no molestaba en absoluto a nadie. 275 euros por eso es una desfachatez y demuestra la tiranía a la que estamos sometidos (más del 25% del sueldo de un mileurista); y demuestra lo poco que le interesa a la autoridad el beneficio y bienestar de los suyos. Espero que ese agente que me ha llevado el coche haya tenido la misma finura normativa para dar parte de la otra incidencia encontrada allí mismo: la mierda de perro en la acera. Entiendo que su trabajo sea el de retirar los coches, pero supongo que, aplicando el mismo celo que ha tenido para dejar la acera expedita, falsamente expedita (la multa ha sido por estacionar sobre la acera), con prontitud haya hecho las diligencias oportunas para que alguien recogiera todas las deposiciones que hay a lo largo de la calle. Porque, en efecto, los ciudadanos queremos andar libres sin obstáculos y sin tener que llenarnos de mierda los zapatos.

Una vez que retiré el coche del depósito municipal, donde por cierto fui atendido por quien a mi juicio se portó como un profesional de la antipatía y el desprecio (un perfil estupendo para el puesto de pecera en el que le han metido: le costaba mirarme a la cara y dar las más mínimas explicaciones), volví al lugar de los hechos para aparcar otra vez allí y poder así sacar unas fotos y contar bien lo ocurrido. Pero resultó que no hizo falta. De la misma forma que yo había aparcado mi coche, con el mismo criterio de saber que allí no se molesta a nadie, otro ciudadano volvió a dejar el suyo. Y cuántos más lo habrán hecho a lo largo del día. Otros pobres paganos a los que les sacarán esa parte oculta de los impuestos, esa parte no escrita de las cargas municipales, esos 275 euros con los que los políticos podrán vender mejor su imagen y decir que Oviedo es una ciudad ordenada y limpia.

Yes un artista, Gabino. Da gusto ver cómo se controla la ciudad. Y sin necesidad de acudir a los plenos.











A un amigo: Javi Cubillo

A media tarde me ha llamado Eva y con una voz apagada me ha dicho: Javi Cubillo ha muerto. De repente la tristeza me atravesó el alma. El azul de la playa de San Lorenzo se volvió plomizo, las olas se trasformaron en cuchillos chirriantes y empecé a notar el suelo que pisaba como si fuera de arenas movedizas. Hace unos minutos que se acaba de ir, en el hospital; la información es confusa, todavía es pronto para saber qué ha sucedido, me dijo mi hermana. Esta medicina que a veces nos sorprende y emociona con sus logros otras nos llena de rabia y desazón, parece que no sabe estar a la altura de los tiempos. Cagüen la mar, sí Javi era un chaval, tenía mis años, quizá uno o dos menos. Hay que echar la culpa a alguien cuando la fatalidad de la muerte se empeña en llegar. La última vez que lo vi fue en un encuentro casual, a pie de calle, en nuestro barrio de La Luz. Un saludo amigable, unas palabras, unas preguntas por cómo nos iba la vida y cómo iba la vida de los nuestros. Desde hace años no mantenía contacto habitual con él pero un manojo de hilos tejidos en nuestra juventud todavía nos mantenía unidos. En aquellas tardes vacías de los 70, quedábamos para nada. Y la nada era dar vueltas al barrio y hablar, como si quisiéramos caminar para crecer, como dice la canción; o como si quisiéramos hablar para comprender mejor el mundo y a nosotros mismos. Él era buen conversador. Y caminaba rápido, muy rápido, como si tuviera prisa por llegar a algún sitio. Cuando todavía faltaban unos años para que la televisión en color llegara a este país, una día me invitó a su casa para ver a todo color la película del oeste de las tardes del domingo. El método era tan sencillo y de tanta transparencia, y tenía tanta grandeza, como el mismo corazón de Javi. Un plástico tintado sobre la pantalla convertía el cielo, en azul, y la tierra arenosa del desierto, en marrón. Y me puso unos discos de Boney M y me preguntó si no me gustaba aquella música. No recuerdo lo que le contesté pero a buen seguro que no le puse muy buen gesto. Hoy desde aquí quiero decirle que sí, que sí me gusta la música disco de Boney M, aunque sólo sea por recordar lo buenos que fueron aquellos años.
Hoy cuando estaba en la playa de San Lorenzo me llené de pena y sentí que soy un poco menos.
Mi más sentido pésame a Nieves, su mujer, y a sus hijas. Un sentido abrazo para vosotras.
Se te echará de menos, chaval.

domingo 25 de julio de 2010

I+D+I

Lo que más me interesa de todo el panorama actual es lo que está escrito en la señales tráfico que anuncian las áreas de descanso y las rotondas. No hay que perderse en mil explicaciones para decir que me atrae el descanso ¿A quién no? Y poco espíritu poético hay que tener para entender eso de “todas las direcciones”. No lo puedo evitar, cada vez que lo leo, me da un vuelco el corazón. Es muy loable que desde instancias tan elevadas y reconocidas se pongan a mano del humilde ciudadano estos recursos. En un radio de 50 km tengo seleccionadas 7 áreas de descanso e infinidad de rotondas. Según los casos, selecciono lo que más me interesa. Si sospecho que mi quietud es excesiva, me dirijo a la autopista más transitada, al km 27; si adivino que la causa de mi agobio es por un ritmo vital alto, me voy al área de descanso menos transitada... Y allí contemplo como revolotean las mariposas, que este verano he apreciado que vienen blancas con motas negras... Si por su parte, por poner un ejemplo (que con la debida deconstrucción entenderá quien lo tenga que entender) si lo que necesito es separar el polvo de la paja, me voy a contemplar una rotonda adornada con un molino de viento (sin necesidad de allegarme hasta Albacete) o si lo que pretendo es transitar por el tiempo y arribar a cualquier puerto, me voy a esta otra, a la de la foto. Qué le vamos a hacer. Pero, real y sinceramente, lo que más me llena es tomar un café. Eso sí, con la persona adecuada.


martes 6 de julio de 2010

Lo que fuimos y lo que somos

A modo de saludo
Hace mucho tiempo, a este saliente de la costa asturiana solía acercarse un grupo de pobladores que se sentaba sobre los riscos del acantilado con los pies colgando a contemplar la caída del sol mientras le daban a unas llámpares y bígaros que con mucha necesidad, en disputa permanente con las olas, habían arrancado de allá abajo, de donde el mar golpea las rocas. Cientos de años después, los herederos de aquel grupo, venidos a más, les dio por proteger sus dominios del azote del viento, del agua y de las esporádicas incursiones del enemigo con sólidas y elaboradas construcciones de piedra. Siguió pasando el tiempo y llegó el turno de los romanos que acostumbrados como estaban a su mar tranquilo jamás se atrevieron a meter un pie en el tenebroso Cantabrón; y luego, algo más tarde, no faltaron por la zona los vikingos, que más que gloria sembraron desolación y zozobra entre las gentes. Y con todo este ajetreo (por otra parte, propio de cada época), la cosa se fue complicando: que si primero la caballería, que después la contundente artillería, que más tarde las bombas de explosión, las de implosión, y de racimo.... Qué duda cabe que hubo momentos de paz y que en alguno de ellos se aprovechó la coyuntura para levantar con aquellas mismas piedras un modesto faro de costa que serviría de guía en las noches de galerna y temporal, que fueron muchas de las esperadas.
Y con todo esto a cuestas, a eso de la hora de la siesta, más o menos confuso y un tanto pesado, este dubitativo escribiente se acercó a la referida atalaya marina para sacar esta foto y poder así comentar que, según van las cosas, el pasado y lo que fue, lo mires como lo mires se ha convertido en pura contemplación estética.

Notas para la reflexión: Lo que fuimos y lo que somos; de dónde venimos y hacia dónde vamos; lo que tenemos y lo que vamos a tener, lo que hemos dejado atrás y lo que se nos viene encima. Ojalá ganemos el mundial