Oviedo ciudad limpia. Oviedo ciudad bonita. Qué visitar en Oviedo. Lugares de Oviedo. La grúa municipal de Oviedo. La policía municipal de Oviedo.
Está en boca de muchos que Oviedo es una ciudad de limpieza y orden. Yo defiendo que esa opinión, de la que presumen tanto sus políticos y responsables, es sólo una imagen, un escenario de dudoso beneficio para sus vecinos. Oviedo es una ciudad de eso, de presencia, de decorado, pero sin vitalidad e incómoda para vivir. No puedes utilizar la bicicleta (han renovado toda la ciudad y ya se han encargado de poner unos adoquines insalvables por todos los sitios, y farolas, y jardineras y adornos de todo tipo: es difícil encontrar a alguien en bicicleta por Oviedo), no puedes utilizar el coche salvo que estés dispuesto a desembolsar imposibles costes de aparcamiento o te la juegues a que te lo lleven mientras vas a la farmacia de guardia o dejas a tus hijos en la puerta del cole o subes un momento a buscar a la abuela..., no puedes ir al centro salvo que te aventures en autobuses la mayor parte de las veces abarrotados y lentos, que tardan 45 minutos en atravesar la ciudad...
Las normas buscan el bien común, pero cuando ese bien no se ve afectado y se sigue aplicando la norma sin criterio alguno se tiene el peligro de caer en la tiranía del que manda, se ahoga la vida de los propios ciudadanos y se convierte el hecho de vivir en la ciudad en algo insoportable. Una cosa es la ley puesta para el beneficio de todos y otra cosa es saber aplicar el espíritu de la ley cuando no se molesta a nadie. Me imagino que los responsables de la grúa municipal no sean máquinas, me imagino que los agentes tengan capacidad suficiente para saber qué molesta o no molesta, qué perjudica a la convivencia y qué es lo que de ninguna forma se pueda admitir o es urgente (me imagino todo eso y no quiero imaginarme otras cosas).
Esta introducción viene a cuento de la siguiente historia, una mala historia que trastocó una plácida mañana de finales de julio en Oviedo, cuando la ciudad más que tranquila, estaba medio muerta: porque una parte de sus habitantes ya se han ido de vacaciones y porque Oviedo ofrece escaso atractivo para atraer a foráneos. La grúa me ha llevado el coche por estar aparcado al final de una calle sin salida, de un barrio apartado, en una zona aislada, al lado de la antigua cárcel provincial; una calle que no tiene ningún tránsito ya que finaliza en el terraplén de las vías que llegan a la Estación del Norte. Por allí no se puede ir a ningún sitio. Es evidente que el coche tenía dos ruedas sobre la acera, es evidente que pisaba un poco la raya amarilla, pero también es evidente y notorio que ahí aparcado no molestaba en absoluto a nadie. 275 euros por eso es una desfachatez y demuestra la tiranía a la que estamos sometidos (más del 25% del sueldo de un mileurista); y demuestra lo poco que le interesa a la autoridad el beneficio y bienestar de los suyos. Espero que ese agente que me ha llevado el coche haya tenido la misma finura normativa para dar parte de la otra incidencia encontrada allí mismo: la mierda de perro en la acera. Entiendo que su trabajo sea el de retirar los coches, pero supongo que, aplicando el mismo celo que ha tenido para dejar la acera expedita, falsamente expedita (la multa ha sido por estacionar sobre la acera), con prontitud haya hecho las diligencias oportunas para que alguien recogiera todas las deposiciones que hay a lo largo de la calle. Porque, en efecto, los ciudadanos queremos andar libres sin obstáculos y sin tener que llenarnos de mierda los zapatos.
Una vez que retiré el coche del depósito municipal, donde por cierto fui atendido por quien a mi juicio se portó como un profesional de la antipatía y el desprecio (un perfil estupendo para el puesto de pecera en el que le han metido: le costaba mirarme a la cara y dar las más mínimas explicaciones), volví al lugar de los hechos para aparcar otra vez allí y poder así sacar unas fotos y contar bien lo ocurrido. Pero resultó que no hizo falta. De la misma forma que yo había aparcado mi coche, con el mismo criterio de saber que allí no se molesta a nadie, otro ciudadano volvió a dejar el suyo. Y cuántos más lo habrán hecho a lo largo del día. Otros pobres paganos a los que les sacarán esa parte oculta de los impuestos, esa parte no escrita de las cargas municipales, esos 275 euros con los que los políticos podrán vender mejor su imagen y decir que Oviedo es una ciudad ordenada y limpia.
Yes un artista, Gabino. Da gusto ver cómo se controla la ciudad. Y sin necesidad de acudir a los plenos.
Esta introducción viene a cuento de la siguiente historia, una mala historia que trastocó una plácida mañana de finales de julio en Oviedo, cuando la ciudad más que tranquila, estaba medio muerta: porque una parte de sus habitantes ya se han ido de vacaciones y porque Oviedo ofrece escaso atractivo para atraer a foráneos. La grúa me ha llevado el coche por estar aparcado al final de una calle sin salida, de un barrio apartado, en una zona aislada, al lado de la antigua cárcel provincial; una calle que no tiene ningún tránsito ya que finaliza en el terraplén de las vías que llegan a la Estación del Norte. Por allí no se puede ir a ningún sitio. Es evidente que el coche tenía dos ruedas sobre la acera, es evidente que pisaba un poco la raya amarilla, pero también es evidente y notorio que ahí aparcado no molestaba en absoluto a nadie. 275 euros por eso es una desfachatez y demuestra la tiranía a la que estamos sometidos (más del 25% del sueldo de un mileurista); y demuestra lo poco que le interesa a la autoridad el beneficio y bienestar de los suyos. Espero que ese agente que me ha llevado el coche haya tenido la misma finura normativa para dar parte de la otra incidencia encontrada allí mismo: la mierda de perro en la acera. Entiendo que su trabajo sea el de retirar los coches, pero supongo que, aplicando el mismo celo que ha tenido para dejar la acera expedita, falsamente expedita (la multa ha sido por estacionar sobre la acera), con prontitud haya hecho las diligencias oportunas para que alguien recogiera todas las deposiciones que hay a lo largo de la calle. Porque, en efecto, los ciudadanos queremos andar libres sin obstáculos y sin tener que llenarnos de mierda los zapatos.
Una vez que retiré el coche del depósito municipal, donde por cierto fui atendido por quien a mi juicio se portó como un profesional de la antipatía y el desprecio (un perfil estupendo para el puesto de pecera en el que le han metido: le costaba mirarme a la cara y dar las más mínimas explicaciones), volví al lugar de los hechos para aparcar otra vez allí y poder así sacar unas fotos y contar bien lo ocurrido. Pero resultó que no hizo falta. De la misma forma que yo había aparcado mi coche, con el mismo criterio de saber que allí no se molesta a nadie, otro ciudadano volvió a dejar el suyo. Y cuántos más lo habrán hecho a lo largo del día. Otros pobres paganos a los que les sacarán esa parte oculta de los impuestos, esa parte no escrita de las cargas municipales, esos 275 euros con los que los políticos podrán vender mejor su imagen y decir que Oviedo es una ciudad ordenada y limpia.
Yes un artista, Gabino. Da gusto ver cómo se controla la ciudad. Y sin necesidad de acudir a los plenos.


