viernes 26 de noviembre de 2010

Iniesta, el franciscano del fútbol

En cuestión de fútbol me declaro partidario de Iniesta. No soy del Barça ni tengo colores claramente definidos, pero soy partidario de ese 8 que no destaca por tener un físico poderoso o porque pega a la pelota como nadie, o porque sube y baja la banda mil veces, o por su rapidez o explosividad. Iniesta no destaca por nada de lo que en principio parecen cualidades fundamentales de un jugador. Pero a mí me gusta porque su juego no tiene trampa ni cartón, es lo que se ve, fútbol sin más, talento elaborado con los materiales más simples: la sencillez y el sosiego. Con una llamativa austeridad de recursos y una simplicidad de soluciones alarmantes (Iniesta no es el que más corre, ni el más fuerte, ni el que más salta...) ese centrocampista blaugrana humildemente nos dice en cada partido que no hace falta deslumbrar para ganar y jugar bien a fútbol. Cruyff destacaba por su verticalidad, Maradona por aquel toque sutil de izquierda, Pelé por el regate, Beckenbauer por su elegancia... Y llega Iniesta y descubre que no hay nada como lo discreto y simple. Parece fácil, pero es lo más difícil. Porque solo los que dominan su oficio saben encontrar la solución más sencilla, porque solo ellos saben salir de las dificultades con claridad, sin perder la compostura, y porque solo los que saben son capaces de llevar la ecuación más compleja a la expresión más elemental. Y todo sin estridencias, sin recurrir al artificio ni caer en esa amanerada sofisticación que con tanta frecuencia se vende como excepcional en los periódicos y la televisión. Por su sencillez, ese ocho salido de una tierra dura y extrema, es el franciscano del fútbol. Sin prisas y con todo el sosiego del mundo, de forma limpia y clara se ha convertido en un maestro del arte del balón, un modelo a seguir, un ejemplo a imitar. En un tiempo de fútbol disparatado y plagado de excesos y figuras de relumbrón envueltas en papel de celofán, Iniesta nos enseña con absoluta naturalidad que jugando de forma sencilla también se alcanza un lugar destacado entre las estrellas: entre las auténticas estrellas.

lunes 8 de noviembre de 2010

Subir, bajar

Subir, bajar, dar vueltas. Llanear. Embarrarse. Un ejercicio de superación. Está bien.

Si todavía queda por aquí algún visitante, un saludo